Después de pasar 18 años privado de libertad, Virgilio volvió a imaginar una vida diferente. Hoy trabaja en PFC, comparte su testimonio y agradece a quienes lo acompañaron cuando decidió empezar de nuevo. Su historia habla de las consecuencias de las decisiones, del apoyo de su familia y de la importancia de encontrar oportunidades para avanzar.
“Lo que era Virgilio quedó atrás”, dice al recordar el cambio que buscaba. Durante su juventud, se dejó influir por amistades y ambientes que lo alejaron del camino que ahora desea seguir. Reconoce su responsabilidad en las decisiones que tomó y no oculta sus consecuencias: recibió una condena de 28 años y cumplió 18 años privado de libertad.
En la entrevista, Virgilio recuerda el miedo y la violencia que vivió tras ser trasladado a La Joya. También habla del impacto que la privación de libertad tiene en las familias. Mientras una persona cumple su condena, sus seres queridos también enfrentan la distancia, la incertidumbre y el dolor. Por eso, su mensaje a los jóvenes es pensar antes de actuar y considerar cómo una decisión puede afectar a quienes los rodean.
“Uno no recupera el tiempo, pero sí recupera su forma de ser de nuevo”, expresa. Al salir, encontró a su esposa a su lado. Ella lo acompañó durante los años más difíciles y continúa siendo parte importante de su vida. Virgilio también atribuye a su fe un papel en su cambio personal. Cuenta que se acercó a Dios y a la Biblia mientras estaba privado de libertad, y que esa relación sigue presente en su vida.
Volver a empezar después de salir de prisión
Poco después de salir, Virgilio recibió propuestas que decidió rechazar. No quería ponerse en una situación que pudiera llevarlo nuevamente a prisión. Sabía que necesitaba construir una vida distinta, aunque encontrar empleo después de salir de la cárcel podía ser difícil.
Entonces recordó un diploma de Jesús Luz de Oportunidades, la Fundación Jesús Luz de Oportunidades (FJLO), que lo había apoyado anteriormente. Buscó el certificado y volvió a ponerse en contacto con el equipo. Durante unos tres meses participó en un proceso con la esperanza de encontrar trabajo. No sabía exactamente qué oportunidades aparecerían, pero decidió seguir asistiendo y mantener la fe.
La reinserción laboral en Panamá puede ser un reto para quienes salen de prisión y buscan reconstruir su vida. Además de buscar empleo, muchas personas deben responder por sus familias y cubrir sus necesidades. Virgilio eligió seguir tocando puertas y buscar una forma honesta de sostener a los suyos. Para él, trabajar significaba asumir responsabilidades y comenzar a cumplir sus metas.
La oportunidad llegó en PFC. Durante la entrevista con su jefe, Virgilio respondió preguntas sobre sus habilidades y se preguntó si lograría trabajar en una empresa que consideraba grande. Después recibió la llamada que esperaba. Llegó nervioso a su primer día, pero también emocionado por ver un sueño cumplirse.
“Guau, estoy trabajando donde mi sueño se cumplió”, recuerda haber pensado.
Durante la entrevista se explica que Virgilio fue el quinto beneficiario de la FJLO en ingresar a trabajar en PFC. Ese empleo le permitió incorporarse a un equipo y poner sus capacidades en práctica. Para él, también representa la posibilidad de sostener a su familia y demostrar con su trabajo que su vida puede seguir un rumbo diferente.
El valor de las segundas oportunidades laborales
Virgilio agradece a Jesús Luz de Oportunidades por acompañarlo y brindarle apoyo durante su proceso. Describe al equipo de la Fundación como una familia y habla de los cambios que ha hecho en su manera de expresarse y relacionarse con otras personas.
Su testimonio no borra el pasado ni sus consecuencias. Habla de reconocer los errores y tomar decisiones distintas. También muestra la importancia de que existan programas de reinserción social y laboral y empresas dispuestas a ofrecer oportunidades de empleo a personas que buscan reconstruir sus vidas. La FJLO presenta Oportunia como un programa de acompañamiento para fortalecer ese proceso de reinserción.
“Puedes cambiar tu vida porque la realidad está. Eso queda en ti si quieres cambiar”, afirma Virgilio. Él cree en las segundas oportunidades porque está construyendo una para sí mismo. Después de 18 años, volvió a vivir en libertad, se reencontró con su familia y comenzó una nueva etapa laboral en PFC.
Su historia invita a mirar a cada persona más allá de su peor error y a reconocer que cambiar requiere esfuerzo, apoyo y oportunidades concretas. Para Virgilio, la vida no se acabó cuando entró en prisión. Hoy trabaja, acompaña a su familia y comparte un mensaje claro: cambiar es posible.
